Mostrando entradas con la etiqueta Decamerón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Decamerón. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2015

Lunes, once de mayo de dos mil quince.

Querido Tom, hoy hemos cerrado otro capitulo más en la historia nuestra vida. Tal vez te preguntes por qué hoy, precisamente hoy, lunes once de mayo de dos mil quince te estoy escribiendo todo esto, pues bien, 
es simple: no existe un por qué.
Contigo hemos concluido un largo curso en apariencia pero ameno en vivencia, desde los más profundos y rebuscados adulterios, pasando por el inevitable camino del control del destino que nunca llegaremos a tener, recorriendo las sendas de la naturaleza de la mano de nuestro joven Werther, hasta el punto de llegar a las profundidades en las que se cae por la adicción al juego y a la ruleta junto a nuestro amigo Alexis, no sin después realizar un largo y encantador paseo por París interpretando el papel de flâneur (sí "papel", para que me entiendas, ya sabes, mi apreciado Tom,  siento decírtelo pero nadie mejor que yo podría haber interpretado ese papel. Ni siquiera tú, que pese a tu excelente actuación sobre la persona de Dickie, estoy segura de que no aguantarías ni por tan sólo un instante la tentación de acabar con la vida de aquél pobre señor que se encuentra sentado sobre el antiguo banco de la pequeña plaza contemplando el pasar de los numerosos parisienses que componen París mientras se encarga de alimentar a todas las palomas que se postran en su suelo). 
¿Y cuál es el mejor remedio para descansar tras un largo, entretenido e intenso paseo por toda la ciudad? Pues verás: dejar de trabajar. Aunque qué sabrás tú de trabajo si te tocó la lotería aquella noche en la que el señor Greenleaf te acechó para pedirte el favor de traer de vuelta a los Estados Unidos a su hijo Dickie... No obstante, ¿qué mejor manera para dejar de trabajar -te preguntarás en el hipotético caso de que lo hicieras- he de utilizar? Nada más y nada menos que rezar para que el destino y la vida te decidan transformar en un monstruoso insecto que te consiga alejar hasta de tu jefe el cual probablemente se plantee enviar a un especial acomodador para comprobar si todas tus excusas son ciertas, y el cual al verte y no creerte saliera por patas (las mismas que él no tiene y que tú, si) de tu gran, lujosa y poco acogedora casa...
Entiendo que el hecho de convertirte en insecto no sea uno de tus más preciados deseos, todo lo contrario, acabarías aún más desintegrado de la sociedad y el haber asesinado a Dickie te sería en vano, además ¿cómo podrías poner en marcha otro crimen junto a tu nuevo aspecto? Te sería casi imposible, pero ya te las arreglarías tu solito para cometerlo y no me cabe la menor duda de ello.
Tom, realmente no se si esto es un adiós o un hasta luego, no lo sé. Le he preguntado a Julieta pero la pobre está triste por su Romeo y no puede entrar a razonar debidamente la situación. Me ha mandado a preguntar a las chicas del Decamerón, sin embargo no creo que sus opiniones me sean de mucha ayuda por lo que recurriré a mi gran amigo Werther. Otro emo más con el que me dedicaría a pasear bajo los grandes tilos que dan sombra a la calle mientras nos contamos nuestras penas, pero piénsalo, Tom... seríamos un peligro, acabaríamos planeando un viaje (y no en barca) en el que decidiríamos dispararnos el uno al otro por el asco de realidad, una realidad que nos ha absorbido y que no hemos conseguido evadir cual Baudelaire pese al intento. 
"Sal a jugar, reúnete con Alexis y la babulinka de Polina, con ellos estarás a salvo, pero claro, sólo si con "a salvo" te refieres a dejarte hundir en la miseria tras perderlo todo, absolutamente todo lo poco que te queda sin esperar un milagro". Venga ya, Tom... ¿Cómo puedes decirme eso? Que tú no seas capaz de sentir nada, no significa que los demás no tengamos sentimientos, no me arrojes a mi propia perdición, no acabes con lo poco que queda de mi. 
Visto el panorama... Creo que sólo me queda convertirme en un monstruoso insecto -si es que no lo soy ya-, o seguir todas tus acciones, paso por paso. 
Dime Tom, ven y aclárame la respuesta, qué es mejor: ¿ser destruido o destruir?
Espera. No hace falta que digas nada más.
Ni siquiera te esfuerces en pensar el argumento para tu evidente respuesta.
Ya que con tus últimas acciones me has respondido.
Y con tu mirada me lo has ratificado.


lunes, 12 de enero de 2015

Welcome to hell.

Antes que nada, bienvenidos a este infierno que se camufla bajo el nombre de 'realidad'. Después de estas reducidas vacaciones navideñas podemos decir que es hora de volver a nuestra apreciada rutina, a nuestra bella y absurda realidad con complejo de enemiga de la cual somos esclavos. Fieles ardillas que en vez de hibernar en invierno lo hacen en verano o en cualquier otro momento de respiro que tengan para recargar energías y poder salir hacia un mundo que poco a poco se encargará de abrirnos los ojos para inyectarnos una dosis de realidad, para pese a nuestra resistencia, ser victimas de cada apuñalamiento que nos tenga preparado y por supuesto también para ser victimas de cada trance de felicidad con el cual nos deleite de vez en cuando, alimentando así nuestro alma solamente para alcanzar su objetivo que gira alrededor de un bucle infinito: el volver a herirla tras estar completamente llena.


Previamente a la relación que realizaré entre 'realidad', 'ficción' y 'verosimilitud', caben mencionar dos frases destacadas de nuestro autor Dostoievski. 

"El hombre es un misterio, hay que resolver el misterio y si uno pasa la mayor parte de su vida intentando resolver el misterio: no dirán que ha perdido el tiempo." 
(Carta a su hermano, 1839)

En esta primera cita reflejada en una carta a su hermano durante 1839 reflexiona sobre básicamente el misterio del hombre y la pérdida de tiempo. Nos da a entender que el hombre es un misterio cual problema de matemáticas estudiantil casi imposible de resolver y que por tanto tenemos la necesidad de resolverlo, la curiosidad y el ansia por llegar hasta una única respuesta verdadera y absoluta. Lo que trae como consecuencia emplear para ello una gran cantidad de nuestro tiempo, un tiempo que a pesar de que nunca volverá, no será una pérdida según el autor. Y no lo será debido a que nuestras indagaciones fracasadas al no haber obtenido la respuesta esperada, podrán servirle de ayuda para plantear otras hipótesis a cualquier otro que este en nuestra misma situación.
En conclusión, podríamos decir que con esta frase Dostoievski pretendía dar a entender que el querer llegar hasta algo merecerá la pena lo consigas o no, porque aunque no consigas llegar hasta el fin al menos no habrás perdido el tiempo convirtiéndote así en un ejemplo para otros, en una fuente de inspiración y de ayuda.

«Por mi parte indicaré que casi toda realidad, aunque tiene sus leyes inmutables, casi siempre es increíble e inverosímil. Y a veces cuanto más real es un hecho tanto más inverosímil parece» 
(El idiota, 1869)

¿Y qué decir de esta segunda frase que el autor no diga más claramente? Esta cita está sacada de su obra "El idiota" publicada en 1869 y con ella nos pretende mostrar el hecho de que la realidad es inverosímil, es decir, poco creíble, que no tiene apariencia de verdad y con ello aún lo es más cuanto más real es algo. Eso, eso último es lo que le hace ser increíble e inverosímil junto a sus pros y su contras, junto a sus 'leyes inmutables'.

~~~

Entonces, ¿la realidad es necesariamente inverosímil o podría ser verosímil? Pues bien, la realidad puede ser cualquier cosa como bien nos traduce su significado proveniente del latín. Es un contexto abstracto de lo real y por ello su significado, su verosimilitud o inverosimilitud ha sido estudiada tanto por filósofos, como por críticos, políticos, artistas, y demás. En filosofía, como hasta ahora hemos estudiado, nos encontramos por ejemplo con Platón o Descartes. Cada uno junto a su diferente visión de la realidad, de la dualidad de realidades. 

Pero ese ahora no es nuestro tema, las dudas a surgir dejando a un lado el tema filosófico y centrándonos en el tema literario, podrían ser ¿se puede realmente captar una realidad en una obra de arte? ¿Algo es real? ¿Lo que vemos en cualquier fotografía, cuadro, vídeo...es real? ¿Hasta que punto lo es?

Antes de intentar contestar a todos estos planteamientos debemos aclarar que la realidad no es siempre verosímil o inverosímil, pues la realidad en una obra literaria puede ser modificada. Pueden convertirla en ficción para así atraer a cierto tipo de lectores que prefieren desconectar del mundo real con el fin de adentrarse en esa nueva aventura o simplemente deciden mezclar la realidad con la ficción por algo tan sencillo como la diversión, el aburrimiento o las ganas de probar algo diferente en sus obras.

Volviendo a nuestras cuestiones y centrándonos en la primera "¿se puede realmente captar una realidad en una obra de arte?", todos sabemos que esto puede ser relativo. Y con relativo me refiero a que como bien he mencionado anteriormente, el autor, como autor que es, podría modificar en cualquier momento la realidad escrita en su obra a como mejor le convenga según sus creencias y opiniones, lo que nos llevaría a obtener un 'NO' como respuesta a nuestra pregunta. Sin embargo por otro lado, si es un libro basado en hechos reales, un libro en el que difícilmente -para los autores- deciden no modificar nada y ocultar ciertas cosas, es decir, mostrar todo tal cual es escupiendo una multitud de palabras llenas de verdad y realidad, totalmente verosímiles, nos conducirían hacia un 'SI' en esta cuestión.
Continuemos, "¿Algo es real?", esta pregunta está como hecha para ponerse en la piel de nuestro amigo ya conocido William Shakespeare y auto-formularse un "¿Ser o no ser?" pero a nuestra manera y un poco modificado, pasando a ser un "¿Algo es real o nada es real?". Por tanto sólo diré que: esa es la cuestión.
"¿Lo que vemos en cualquier fotografía, cuadro, vídeo...es real?" La respuesta a esta está bastante clara, no. No lo es ya que se trata de una simple representación realizada a través de los ojos de quien la describe. "¿Hasta que punto lo es?" Hasta el punto en el que tú mismo o tú misma decidas cuán real es algo.
Por tanto, mi conclusión es que la literatura -desgraciadamente para muchos- no es realidad.


Y es que el concepto de 'realidad' presenta diversos significados y diversas formas de percibirla. Tanto para todos nosotros los seres humanos, como para los mismos personajes que componen estas obras literarias ya escritas. En cada uno de ellos, cada personaje percibe la realidad de una manera totalmente diferente a la que la pueda percibir cualquier otra persona cercana al mismo.
Como se puede observar en la obra de Boccaccio junto a sus personajes, centrándonos en los maridos de aquellas esposas infieles que estaban ciegos de ingenuidad pensando que sus mujeres nunca les engañarían lo que nos da a entender que su realidad era su pensamiento, era su verdad mientras que por otro lado la realidad de estas mujeres era la búsqueda de nuevas emociones, la astucia y demás. Las dos partes presentaban dos realidades totalmente distintas, existía una dualidad de realidades. A su vez, la realidad de nuestra Julieta en la obra de Shakespeare no se parecía en nada a la realidad de sus padres, ya que mientras que ella quería con toda su vida estar con Romeo, los padres, envenenados de odio, rencor y venganza, no veían la misma realidad que su hija queriendo obligarla así a casarse con Paris. Finalmente nuestro amigo Werther también tenía un sentido de la realidad diferente al de Albert, ya que mientras que para nuestro protagonista el suicidio era un buen antídoto contra todos sus problemas, Albert discrepaba y nadaba en una realidad totalmente opuesta a la de Werther pensando que eso no serviría de nada. 


Aparte de estas realidades, también he de mencionar la realidad de Don Quijote o la realidad de Cheshire, que no tienen nada que ver pero reflejan que cada uno vive en su propia realidad y cada uno la divisa a su manera. 
Con esto quiero llegar al hecho de deducir que -al igual que para estos personajes- para los seres humanos existen miles de realidades totalmente diferentes y por tanto, me atrevería a decir que no existe una única realidad. 
Por otro lado pienso, luego existo, que todas estas preguntas sobre la realidad, lo que es real o no, la ficción, la verosimilitud e inverosimilitud de una realidad,... son mejor dejárselas a los filósofos que ya se quebrarán encargándose de encontrar una 'mejor' respuesta.
Volviendo al tema, he de aclarar que con 'diferentes realidades' me refiero a que la realidad de un rico no es la misma que la de un pobre, la de un suicida, la de un enamorado, la de un bebe, la de un gato, o la de un psicólogo frente a la de su paciente, entre otras tantas realidades.



Para concluir este trabajo, he de destacar que la sociedad según mi investigación, califica a la realidad como "triste" por mayoría y por este motivo se ha ido extendiendo un pensamiento relacionado con la "expectativa" vs "realidad" frente a unas numerosas series de situaciones. Aunque se puede diferenciar en estos tiempos por un lado a una 'expectativa - realidad' más humorística frente a una 'expectativa - realidad' más dramática.

Ejemplos como:





U otros como: 



Para finalizar dejaré que una imagen resuma mi teoría, es decir, todo el contenido de esta entrada muy generalizado, pero recordad: esa no es mi teoría, no es el contenido de mi entrada, esa imagen es una simple representación de mi teoría realizada a través de tus propios ojos que la está leyendo.


domingo, 26 de octubre de 2014

La maldición.

La historia se ambienta cerca de un manicomio prácticamente abandonado, pero al que aún le seguían dando uso, a las afueras de Villa Verona. A sus alrededores vivía una modesta familia de la cual decían que su apellido era perseguido por una gran maldición. La maldición de la infidelidad. La infidelidad por parte del cónyuge de todo aquel que lo poseyera. Leonardo Iglesias -junto a sus padres anteriormente divorciados- sabía perfectamente desde pequeño lo que el vecindario comentaba acerca de su futuro y lo que su apellido supondría, pero nunca quiso creerlo. Él siempre fue muy creyente en el ámbito de la religión e irónicamente todos los domingos iba a la iglesia, de hecho, formaba parte de una de las cofradías de su pequeña villa. Era un amante de los perros y un obseso por las chicas menores de dieciséis años, a esa edad fue cuando conoció a su amada esposa la cual creía ser inalcanzable para él puesto que ella era atea. Idalia Rey, una impulsora de numerosas esencias de fragancias no muy conocidas que tenía un gran complejo de escritora y dibujante fracasada puesto que ésta siempre quiso ser conocida mundial. Su fracaso se debió a la falta de vocabulario y al empleo de expresiones pueblerinas con excesos de polisíndeton. Leonardo se enamoró ciegamente de Idalia, su relación pasó por diversas fases, comenzó con el acoso por parte de Leonardo, la seguía a todas partes sin que le viera, guardaba miles de fotos sobre ella de las cuales es mejor no pensar lo que hacía en la soledad de su oscura habitación. Hasta que un día coincidió con ella en clase de filosofía debatiendo sobre la existencia de Dios, ella en contra y él a favor. A raíz de este debate surgió un gran y profundo odio por parte de Idalia hacia Leonardo, este debate -ganado por Leonardo puesto que la mayoría de la clase era creyente por aquel entonces- dejó en ridículo y sin argumentos a Idalia, todo el mundo la despreciaba y eso, sería algo que ella nunca le perdonaría. Con el objetivo de vengarse y al descubrir las intenciones ocultas de pasión y deseo hacia ella nacidas en Leonardo, decidió hacerle sufrir pero sin que este lo notara hasta que ya fuera demasiado tarde. Así que comenzaron su relación, quedándose ésta embarazada de él tras estar dos años aguantando al insufrible de su marido que una vez casado con ella y deduciendo las intenciones de venganza que presenciaba la mujer, mostró al mundo cierto repudio hacia Alexandra -la hija que iban a tener-, junto a su lado más celoso.
Leonardo solía ser, un ser pacífico y nada rencoroso hasta que se vio alejado de su pasión por la religión; una vez casado con Idalia, los domingos para el ya no eran lo que eran, por no mencionar que se casaron por lo civil. Fue un golpe bajo para Leonardo que siempre había soñado con una gran boda en la Iglesia a la que solía frecuentar -cual sueño de chica disney adolescente-, toda esta situación lo dejó trastocado y le llevó a dejar la cofradía a la que perteneció durante su niñez. Comenzó a desempeñar su oficio como pastelero pero a pesar de que le encantaba su trabajo siempre echó en falta lo que le había arrebatado el matrimonio, la religión. A sus diecinueve años Idalia no aguantó más y decidió ir al psicólogo para alejarse de sus pensamientos vengativos y rencorosos -puesto que ya nacida la niña, le nació un gran sentimiento profundo de madre-, donde conocería a su mejor amiga Isaura Galindo, efectivamente, su psicóloga. Años después de esta larga amistad, a Idalia se le olvidó todo el rencor y el odio que nació en su día hacia Leonardo, pero este a pesar de amarla tanto, no podía evitar el hecho de pensar que ella seguía con ese ansia de venganza y decidió darle donde más le dolía, su hija. No le importaba el hecho de que fuera su propia sangre y la chica –inocentemente- una mañana accedió a ir con su padre a la pastelería, para -según Leonardo- “hacer un pastel” mientras le mostraba a un “pequeño gatito” que habitaba por el barrio del local. Pero no llegó a ocurrir nada debido a que inoportunamente apareció Saverio Galindo, hermano de Isaura, el cual pasaba por allí para comprar una tarta de queso acompañada de unos cuantos pastelitos sueltos en una pequeña cajita aparte. Alexandra amaba la tarta de queso y comenzó una conversación con Saverio contándole que su padre quería hacer pasteles con ella a la vez que le presentaba a su gato, el cual, no tenía nombre. Saverio no era tan inocente como la chica, sabía las intenciones ocultas que pretendía el pastelero, y puesto que era amante de los gatos le pidió a Leonardo que le presentara al gatito también. Obviamente se negó y tras una larga charla de reflexión entre Saverio y Leonardo, que no llegó a oídos de Alexandra, decidió abandonar todo ese afán de hacer sufrir a su mujer volviendo al hábito de la religión ya que aunque esta no estuviera conforme, tendría que acabar aceptándolo.
Apareció en Saverio un sentimiento de asco hacia Leonardo a pesar de haberlo hecho entrar en razón y al conocer a través de su hermana a Idalia, decidió comentarle acerca de lo que su querido esposo pensaba hacerle a su hija; y la mujer, que ya había superado todo el odio que sentía hacia su marido, se sintió absolutamente patética y enfadada consigo misma por abandonar esos sentimientos y crear otros a favor de él. Por ello, junto a Saverio que aprovechó la ocasión de debilidad por parte de Idalia y la atracción mutua que sentían el uno al otro, decidieron vengarse juntos de Leonardo. Comenzaron una oculta relación -todo esto a espaldas de su mejor amiga Isaura- que cada día ocultaban menos incitando así, a que los celos del esposo salieran a flote cualquier día. 
 

Leonardo: ¿A dónde vas, te dejas aquí a Alexandra?
Idalia: Voy a pasar la noche en casa de Isaura, y te recuerdo que hoy te tocaba a ti llevar a la niña a todas sus actividades extraescolares.
Leonardo: Oh, es cierto. ¿Qué vais a hacer? ¿Vais a salir a algún sitio?
Idalia: No tenemos planeado nada. Conforme pase la tarde improvisaremos.
Leonardo: Está bien… Llámame cuando llegues.
Idalia: Te enviaré un WhatsApp, no tengo saldo para tus tonterías.

Leonardo -que no trabajaba ese día- sin dudarlo, fue a recoger a la niña y la llevó a sus determinadas actividades; una vez terminadas fue a por ella y camino a casa Alexandra, que lo sabía todo, intentó abrirle los ojos a su padre mientras le preguntó disimuladamente:

Alexandra: Papá, tu que siempre me has hablado sobre el paraíso, ¿Estás seguro de que eres el único que posee la llave que abre la puerta hacia el de mamá?
Leonardo: Hija, por favor ¿pero qué preguntas son esas? -responde sorprendido- Pues claro que estoy seguro, tu madre nunca le haría una copia de la llave a nadie, ella no es así. Nuestra generación ha acabado con la maldición que le perseguía al apellido Iglesias desde tiempos inmemorables y hay que estar orgullosos de haber callado a todos esos vecinos que pensaban que no duraríamos ni cuatro años, debemos alegrarnos, yo por poseer a una gran esposa y sobre todo tú, por tener a una mejor madre.
Alexandra: Tienes razón papi, no sé en qué estaría pensando… ¿Por qué no adoptamos a un perrito? -cambiaba de tema al fallar su plan viendo lo ciego que estaba, o quería estar-

Mientras todo esto pasaba Idalia se fue a encontrar con Saverio a casa de Isaura pensando que esta estaría trabajando y no se encontraría allí, cosa que para su sorpresa, no fue así. E Isaura, sintiéndose traicionada por su mejor amiga al ocultarle y no contarle lo que estaba pasando con su hermano, la echó de su casa de la peor manera junto a Saverio preguntándole que cómo era capaz de hacerle eso a su marido. Estos, decidieron irse a la pastelería ya que sí iba a estar vacía puesto que Leonardo estaría entretenido con su hija todo el día, mientras que Isaura, sabiendo que marcharían al local de Leonardo, le llamó y le comentó que su mujer le había preparado para esa noche una velada romántica y muy especial por su aniversario en la pastelería; que no le había dicho nada porque iba a ser una sorpresa pero que ella no pudo aguantar en no contárselo. Leonardo era malísimo recordando fechas importantes, y al pensar en lo que le había dicho la mejor amiga de su mujer, decidió ir a buscar un regalo antes de que cerraran las tiendas dejando a su hija al cuidado de Isaura.
Emocionado por la sorpresa que su mujer le había preparado decidió comprarle “el diamante de Taylor Burton”, algo que su mujer siempre quiso pero nunca se pudo permitir. Claramente era una copia debido a que el verdadero era demasiado caro pero Leonardo estaba convencido de que era el auténtico, pagando por él una gran cantidad de dinero sacado de todos los ahorros obtenidos durante el desempeño de su oficio como pastelero. Le habían estafado, pero una vez con su regalo comprado junto a un ramo de rosas se dirigió hacia el local mientras Idalia y Saverio estaban en plena acción. Idalia que reconocía desde a lo lejos el sonido del motor del coche se asustó, pero estaba segura de que no podría ser él hasta que escuchó el sonido realizado por las numerosas llaves chocando entre sí establecidas en el llavero del marido mientras procedía a abrir la puerta. En ese instante, Idalia apartó a Saverio sin alguna delicadeza empujándole hacia detrás del mostrador para que este se escondiera rápidamente cuando de repente el marido entró y se encontró a Idalia que -disimulando su estado de nervios- le preguntó que qué hacía en aquel lugar y dónde había dejado a la niña. A lo que el marido le respondió con una sonrisa malvada: no disimules más, se lo que estás tramando,  ¿dónde está? A Idalia no le quedó más remedio que indignarse para que no notara su nerviosismo y le contestó: ¡¿Dónde está qué o quién?! No sé de qué me hablas. La pregunta es dónde te has dejado a la niña. Leonardo, sacó el ramo de rosas y se lo entregó susurrándole al oído: Feliz aniversario cariño, me he acordado. Venga, no lo escondas más, ¿y la cena? -decía felizmente-. ¿Y la niña, qué has hecho con ella? -insistía la madre-. No te preocupes, la he dejado con tu amiga Isaura -respondía Leonardo mirando a su alrededor para ver si encontraba la cena que le había preparado su mujer-.  ¡¿CON ISAURA, ESTÁS LOCO?! -gritó enervada-. Leonardo se asustó debido al grito inesperado y le contestó: Sí, anda, deja de ocultarlo…Isaura me ha dicho que tú… ¡¿QUE YO QUÉ, QUÉ TE HA DICHO?! -interrumpía la mujer-. ¡¡Pero no me interrumpas!! -continuaba Leonardo- Me ha dicho que estabas preparándome una cena sorpresa por nuestro aniversario en la pastelería y por eso yo… te he comprado esto -decía mientras le daba el regalo-. Mientras tanto Saverio, escondido tras el mostrador, se lucraba gozosamente de la situación que estaba viviendo. La mujer cogía el regalo sorprendida por lo que había ingeniado su mejor amiga en contra de ella para que el marido le pillara “con las manos en la masa”. Sin pensarlo dos veces y al Idalia darse cuenta de que el marido no tenía ni idea de lo que ocultaba, cambió su rostro y perdió todos los nervios que sentía en el momento mostrándole una gran sonrisa al ver el contenido del envoltorio. Leonardo, insistió preguntando que dónde estaba la cena mientras que Idalia, contenta por su regalo, le soltó que tenía pensado llevarle a comer a su restaurante favorito y rápidamente le cambió de tema diciéndole que se acababa de acordar de su canción favorita de la infancia pidiéndole a este que se la cantara para revivir sus recuerdos. Leonardo no estaba seguro de que canción era la que le pedía así que, convencido, le cantó “Mi corazón encantado” de Dragon Ball GT -la canción favorita de la infancia de Leonardo- con la ayuda de la versión karaoke que buscó en YouTube. Mientras todo esto ocurría y en el momento en el que Leonardo estaba concentrado en el estribillo, Idalia le lanzó una señal a Saverio para que saliera corriendo del local, a lo que este salió sin pensarlo dos veces, debido a que si no salía se quedaría encerrado allí toda la noche. Al final, Idalia le llevó al restaurante pero como era de esperar acabó pagando Leonardo ya que ella, no llevaba mucho dinero encima. Más tarde, Idalia que no había aprendido la lección, fue a ver a Isaura para recoger a su hija mientras se regocijaba de que su plan había fallado, y le convenció a su marido para que se hiciera cantante -cual juglar- compaginándolo a su vez con su oficio de pastelero, pudiendo así ella verse todas las veces que quisiera con Saverio puesto que el marido pasaría cada día menos horas en casa. Definitivamente, la generación de Leonardo aún no se había desecho de la maldición que recaía sobre su apellido.