jueves, 14 de enero de 2016

Tesis sobre ¿para qué dejar de hablar de tolerancia?

El tema que voy a exponer trata sobre la tolerancia, más concretamente centrado en su limitación conceptual y su misión en un contexto de derechos pasando por la diferencia entre igualdad y libertad para acabar con el tema de las minorías. Yo creo que la tolerancia no sólo sirve de excusa para intentar nombrar una conducta determinada como un derecho oficial del ser humano, sino que sirve para muchos otros ámbitos más, tanto negativos como positivos.

Si tuviera que definir el concepto de tolerancia no lo haría centrándome solamente en una definición ya que, desde mi punto de vista, la mayoría de las cosas en la vida son limitadas menos el concepto de tolerancia, de hecho, ningún concepto puede considerarse limitado debido a que son abstractos y no tangibles. Lo que sí podría considerarse limitado es su reclamo, es decir, la manera en la que la gente lo comprende. Podría decirse que en la manera de comprender su verdadero significado han influido tanto los medios de comunicación como las influencias religiosas o de otros tipos a lo largo de la historia porque por ejemplo, en la época de los griegos el libertinaje sexual no estaba prohibido y prácticas como la pedofilia, la zoofilia o la homosexualidad no eran mal vistas hasta que la iglesia llegó y cambió la visión que se tenía por aquel entonces sobre esas prácticas. A pesar de esto, personas como Garzón Valdés se han encargado de limitarlo afirmando que para que surja la tolerancia se necesitan una competencia adecuada, una tendencia a prohibir el acto tolerado y a su vez una análisis de los argumentos a favor de la permisión o prohibición del acto en cuestión. 

La idea de tolerancia asociada a un contexto de derechos no me parece tan mala como para causar tantas discusiones en torno a ella. Por su parte el filósofo Bobbio considera que la tolerancia es un método de persuasión capaz de lograr un respeto que históricamente nos ha facilitado el pasar de la prohibición de un comportamiento a su reconocimiento como derecho. No estoy completamente de acuerdo con esto más que nada porque tolerar algo no garantiza que se vaya a completar como un derecho en un futuro cercano por el simple hecho de respetarlo, pero sí que es cierto que proporciona muchas facilidades para que pueda ocurrir eso. 

El situar los conceptos de libertad e igualdad al mismo nivel no me parece adecuado, aunque autores como Javier de Lucas defienden que la libertad es la diferencia más la igualdad. No me parece que puedan estar al mismo nivel porque al fin y al cabo los conceptos son distintos entre sí y esas diferencias marcan diferentes resultados. La igualdad se define como la condición o circunstancia de tener la misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma, mientras que el término de libertad se define como la facultad y el derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad, y si lo pensamos bien, de alguna manera al tener una completa igualdad con alguien obligatoriamente estamos limitando hasta cierto punto nuestra propia libertad debido al hecho de que ya estaría siendo regulada indirectamente por la igualdad y no estaríamos siendo libres al cien por cien. Por otro lado sí creo que sea posible una compatibilidad entre igualdad y libertad en un mismo nivel siempre y cuando la igualdad se defina como una igualdad de libertades y no como la similitud de resultados de libertad, es decir, dónde todos sean igualmente libres, tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones. 

Me gustaría acabar con el tema de las minorías. Es evidente que acaban desfavorecidos frente a las mayorías en ciertos aspectos como podría ser a la hora de darle mayor privilegio en diferentes situaciones a una persona de la misma raza frente a otra de distinta como ha podido ocurrir hasta hace poco y como sigue ocurriendo en otros países, sin embargo la Declaración sí reafirma sus derechos donde les proporcionan libertades e igualdad ante la ley junto a los principios de no discriminación. Coincido con Javier de Lucas cuando afirma que el problema surge de los prejuicios y la discriminación, aunque yo añadiría que esos prejuicios son producto de los eternos estereotipos que persiguen a nuestras distintas sociedades. 

Sin duda no se va a dejar de hablar de tolerancia tan fácilmente, más que nada porque siempre ha estado presente en nuestro mundo a lo largo de la historia desde la moral griega y romana, la destrucción de la misma por la iglesia y su reaparición, hasta el sexismo o el racismo de nuestros tiempos. Lo que es un hecho es que este tema no durará eternamente y acabará quedando en el olvido ya que todo tiene su momento y su lugar.

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