viernes, 3 de julio de 2015

A03W04. Forever in my heart.

Kafka, tal día como hoy, hace unos cuantos años atrás, sobre 1883, llegó tu nacimiento. Y quizá por ese mismo motivo hoy debería de haber sido un día de celebración en tu honor, pero no. No.
No puedo estar feliz por ti, cariño. Realmente, se me hace imposible.

3 de Julio, 2015

Despertar con la poca luz que se reflejaba desde la más profunda niebla en la ventana y pensar "vaya, que día más feo", sin tener en cuenta en qué fecha nos encontrábamos, sin tenerte en cuenta a ti. 
Salir, salir y contemplar la realidad, el sufrimiento y el dolor de seres humanos que aún siendo más grandes o más pequeños que nosotros mismos, nos hacen ver que no todo es color de rosa, que no todas las vidas son "vidas de cuento". Que ese asqueroso sentimiento más conocido como "sufrimiento" o "dolor", es capaz de alcanzar a cualquiera, y a cualquier edad. Sin piedad, hasta apoderarse de aquella posible "felicidad" de la cual se debería de disfrutar. Y es que, realmente de nada sirven los "tranquilo, no es nada, ahora te atienden" o los "ya va a pasar el dolor, no llores", no sirven en absoluto, pero claro, qué va a decir aquella persona que tienes al lado, la cual, probablemente no se haga ni la más mínima idea de lo que estas sintiendo por dentro. Solamente puede limitarse a esas típicas frases que lo único que hacen es aumentar ese horrible sentimiento. No obstante, lo más gracioso es que hasta que no comprueban la verdadera gravedad de la situación, no hacen nada serio al respecto para intentar encontrar una solución que acabe con el enemigo.
Además... ¿Miedo? ¿Miedo a qué? Especifica. ¿A lo desconocido? Ni mucho menos. Quizá yo lo clasificaría mejor en el concepto de 'incertidumbre'. Aunque en el fondo, no es algo que me preocupe, sobre todo porque esto es algo que llevo deseando desde que mis pies retomaron el contacto con estas tierras costeras a las cuales no les tengo mucho aprecio. De hecho, tengo que decir que lo más importante de hoy ha sido que he reafirmado el hecho de que odio las despedidas, muchísimo, pero odio aún más no poder despedirme de todas aquellas personas a las que realmente quiero y les tengo aprecio. Y hoy, mi querido Franz, no me he podido despedir de cierto ser que se tenía ganado mi corazón al completo. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. Simplemente no podré. No sé que es peor, si despedirme o no. Supongo que se sufre igual, pero ya van tres veces. Tres veces tropezando con el mismo karma, más el futuro karma de mañana que alcanzará mi número favorito. 
Lo que más me molesta es que siempre, siempre, es la misma historia. Aunque esta vez, clarísimamente no ha sido a cosa hecha y lo entiendo, pero eso no me evita el dolor que puedo llegar a sentir. No evita que en estos momentos no sean unas manos las que escriban estas líneas sino un corazón, herido. 

Me quedan tantas cosas por decir que, sinceramente, es preferible no decir absolutamente nada más, porque no había nada que hacer. Una vez más, toca vivir del recuerdo. Otro recuerdo más para la colección.

Nunca os olvidaré.

Pd: Dos mil quince, te estás luciendo.